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Emociones y Estados de Animo

Emociones y Estados de Animo

EMOCIONES Y ESTADOS DE ANIMO
LA POBREZA LINGÜÍSTICA

Debido al uso del lenguaje, el cual contempla que usamos la cabeza o usamos el corazón, que somos racionales o somos emocionales, como si ambas fueran opuestas y divididas, los seres humanos nos enfrentamos al reto  de intentar distinguir dónde y cómo se generan las emociones.

Son acaso un fenómeno corporal? Son disparadas por los pensamientos? Dónde las podríamos localizar?. También hemos sido limitados en el desarrollo lingüístico de las mismas, dado que la mayoría de nosotros, intentamos “encasillar” lo que sentimos bajo un diccionario pobre a nivel descriptivo. Normalmente, todo lo que sentimos se reduce a: tristeza, alegría, enojo o rabia o miedo y algunas otras más sofisticadas. También solemos confundir estados de ánimo con emoción e incluso con pensamientos.
Por ejemplo, la ansiedad, es una emoción? O es el miedo el que la dispara? Cuando decimos “Hoy me siento optimista”, es esto un pensamiento, un estado de ánimo o una emoción?


Partimos entonces de que el lenguaje del mundo interior se ha desarrollado de forma escasa. Cómo puede acaso un científico describir dentro de cuántos años pasará un cometa cerca de la tierra, y nosotros entenderlo, cuando no podemos comprender qué es lo que estamos sintiendo? Esta pregunta abre el paraguas para conducirnos a otra pregunta: Será que hemos dedicado mucho tiempo a describir el mundo exterior y hemos dedicado muy poco a describir el mundo interior?

Esto no es un planteo menor. Esto habla de siglos y siglos de nuestra historia. Habla del pensamiento metafísico planteados por Aristóteles donde la verdad está allá afuera, y nada tiene que ver con lo que nos pasa a nosotros. Para que perder tiempo describiendo lo que nos pasa si la verdad subyace a la vista de todos. Pues hoy en día sabemos perfectamente que una persona bajo una emoción de tristeza no verá lo mismo que una persona en un estado de optimismo o anímicamente alegre.

Cada vez más queremos conocernos y nos encontramos con esta pobreza lingüística que venimos planteando. Pero afortunadamente en los últimos años, el mundo occidental está aprendiendo que lo que ocurre dentro nuestro es tan o más importante que lo que ocurre allá afuera.

LA EMOCION


Dice Rafael Echeverría que cada vez que experimentamos una interrupción en el fluir de la vida se producen emociones. Por lo tanto, cuando hablamos de emociones, podemos inferir y señalar las circunstancias particulares que las generan. Podemos identificar los acontecimientos que gatillan las emociones. El antropólogo Paul Ekman ha realizado importantes estudios acerca de los sucesos que gatillan las denominadas “7 emociones básicas”. Lo cierto es que si esos acontecimientos desaparecen, las emociones también. 

Vemos entonces que la acción modifica nuestra emoción, y por ende, nuestro horizonte de posibilidades.

Si vamos caminando por la calle en un estado de tranquilidad, y repentinamente se nos cruza un perro y nos gruñe, puede que esa acción gatille el miedo. Cuando el perro se va, el miedo se va. Esto nos remite a que si queremos saber en qué emoción estamos, podemos buscar el acontecimiento que la desencadenó.
LOS ESTADOS DE ANIMO



A los estados de ánimo, normalmente, no podemos vincularlos con acciones que los gatillaron. Ellos viven en el trasfondo desde el cuál actuamos. Y desde ellos, realizamos acciones.

La diferencia con las emociones, es que los estados de ánimos revierten la relación acción – emoción. Desde un estado de ánimo determinado actuamos. Por lo tanto, en este caso, la acción prosigue a la emocionalidad.

No importa dónde, cuándo o con quién, los seres humanos siempre estamos en un estado de ánimo, y nos comportamos dentro de las posibilidades que nos brinda ese estado de ánimo. Mientras que la emocionalidad determine el actuar, nos condiciona en el cómo somos en ese estado de ánimo.

Tal como postula Echeverría, la capacidad del ser humano de poder observar su estado de ánimo le abre posibilidades de acción que normalmente permanecerían escondidas al observador que se limita por el sentido común.
COMO SE RELACIONAN AMBOS

Existe una estrecha relación entre emociones y estados de ánimo. Lo que comenzó como una emoción ligada a un determinado acontecimiento, puede a menudo convertirse en un estado de ánimo si permanece en la persona el tiempo suficiente y se traslada al trasfondo desde el cuál actúa. En el ejemplo del perro, el miedo se va cuando el perro se va. Pero ante un asalto o robo violento, la emoción puede ir al trasfondo y convertirse en un estado de ánimo, donde ahora, no son los acontecimientos los que me producen miedo, si no que soy yo mismo actuando desde el miedo.

Como venimos postulando, mientras que la emoción se produce por una acción, los estados de ánimos hacen que actuemos desde allí, y por ende, ellos forman parte de nuestra identidad, porque el conjunto de acciones (ya sean físicas, comunicacionales o lingüísticas) constituyen el quiénes somos. La emocionalidad es tan importante, que bajo la mirada ontológica del ser, modifica al Yo.

Tal vez nunca podamos definir el mundo emocional, porque aún nos queda la siguiente duda: es el enojo de mi vecino igual al enojo mío? Es la culpa de mi amigo igual a la culpa de un ladrón? O cómo sostiene Echeverría, es el amor que siente Romeo por Julieta igual al amor que siente Julieta por Romeo?
DE LA EMOCION A LA ACCION

Afortunadamente sí podemos esperar determinadas acciones desde el espacio de la emocionalidad. Sabemos que desde el enojo, las acciones tienden a separarnos de quien lo siente o desde la tristeza, las acciones tienden a que nos aislemos. Nuevamente los estudios de Ekman confirman esta mirada sobre la acción posterior a la emoción. Y es en este espectro de acciones esperadas donde los seres humanos podemos actuar, ya sea cuando somos nosotros quienes las experimentamos o sean otros. La rabia, el amor, la culpa, más que referirse a lo que sentimos, aluden al espacio de posibilidades en el que nos encontramos en nuestro desenvolvimiento en la vida.

Recapitulando, sostenemos que dependiendo del estado de ánimo en que nos encontramos, ciertas acciones son posibles y otras no. Y este es el eje central de la emocionalidad. Si estamos predispuestos a la desconfianza, se estrechan las posibilidades de coordinar nuestras acciones con alguien. Mientras que desde el entusiasmo, se amplía nuestro horizonte de acciones posibles en el futuro. Quién de nosotros no ha observado el estado de ánimo de nuestros padres para buscar el momento adecuado de comunicarles la mala nota en el colegio? Esto demuestra que desde muy pequeños sabemos lo que estamos afirmando aquí.

Cuando mantenemos conversaciones, es fundamental, comprender que se requieren ciertos estados de ánimo para alcanzar lo que se espera de esa conversación. El estado de ánimo no solo va a condicionar qué se puede alcanzar en esa conversación, sino que también modifica la forma en que las personas escuchan. Esto es muy importante en conversaciones de negocios, amor, ventas, etc.

Quisiera finalizar invitando a la reflexión, dado que hemos abordado temas que nos afectan desde el mismo momento en que estamos leyendo esto, hasta cuando nos vamos a dormir. Hemos hecho la distinción entre emoción y estado de ánimo, mientras que el primero deriva de una acción, el segundo condiciona nuestra acción. Hemos dicho que el lenguaje es pobre para describir el espectro de emociones existentes. Hemos mencionado la importancia de comprender que más allá de la pobreza del lenguaje, que más allá de poder determinar cómo siente una persona, podemos esperar un espectro de acciones determinadas, algunas serán posibles y otras no. Y por último, sostenemos que es importante conocer los estados de ánimo cuando vamos a mantener una conversación, dado que lo que se espera de ella dependerá de la emocionalidad de los hablantes y de los oyentes.

Finalmente para relacionarlo con los presupuestos de la Programación Neurolingüística, todo lo mencionado está en estrecha relación con qué nosotros no vemos el territorio, sino que tenemos un mapa de él. Y este mapa es único de cada persona. Este mapa que se constituye por los filtros que como seres humanos aplicamos sobre la realidad, muta y se transforma permanentemente. Y las emocionalidad forma parte de ese cambio. También sostenemos que como buen comunicador, quienes practican la PNL deberían contemplar que nuestro mensaje y nuestra escucha es afectado por la emocionalidad. Si queremos ser buenos comunicadores, no deberíamos pasar por alto el estado anímico de quienes se están comunicando.

Fuente: Ontología del Lenguaje – Rafael Echeverría – Ediciones Gránica

Ing. Axel Persello
Trainer en PNL
Fellow Member IANLP
PNL EN ARGENTINA

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